Hace siete besos que intento no pensar, hace diez acordes que intento escribir, y van a pasar dos canciones hasta que me arrepienta. Todo es permeable. Todo sube, todo baja. Baja el calor y sube el frío; el sol se moja y el viento seco me aleja cada vez más... Y mientras tanto, una voz me dice que van a volver los Julios de escarcha y los Eneros de arena, que se puede creer -y crear- un orden. Y quiero que esos besos sean ocho. Y no puedo darme cuenta si soy felíz usando tu campera en Diciembre, o si quiero ocho besos de alguien que use remera en Julio, con melodías diferentes entre sus manos. Cuatro notas me dicen que sí. Sonrío. Nueve notas me dicen que no. No me importa; hoy puedo contra eso y mucho más... hasta que llega un arpegio desgarrador. A veces pienso que el estómago es el más fiel de los termómetros del alma... La música no hace más que confirmármelo.Creo que hoy son seis las canciones que mueven mis visceras como un acordeón; sientos soles mojados y vientos secos y ninguno de los dos me molesta. Hace cuatro miradas que pienso que no, que definitivamente no. ----------- -'Nadie pierde (repites vanamente) Sino lo que no tiene y no ha tenido nunca, pero no basta ser valiente para aprender el arte del olvido. Un símbolo, una rosa, te desgarra Y te puede matar una guitarra'. -final del primer soneto de '1964', de J.L. BORGES-De los pocos poemas que me impactaron... porque no se puede jamás, jamás, escribir 'desgarra' y 'guitarra' tan juntos... El termómetro del alma otra vez ruge, cruje.
22 dic 2007
11 ago 2007
Soy igual que todo.
Y es que la diferencia termian confundiéndose con la chatura.
No paro de oscilar; de un confín al otro, con cortes, quebradas y saltos... pero al final siempre oscilo. Cada sol es un nuevo zigzag que parece detenerse a medio día, hasta que llega la luna que mira callada y obliga a revolver. ¿Por qué será que cuesta tanto estacionarse?
Las personas somos péndulos. Focault, por ejemplo, tenía razón. No necesitamos fuerza motríz para ir de un lado a otro... y, después de todo, es evidente que no podemos permanecer iguales ante el movimiento de la tierra. Sí...definitivamente: las personas somos péndulos de carne y hueso. Bueno... es cierto que existen personas de metal, pero eso ahora no me importa.
Mover, remover, hundirse, perderse y volver a salir son una constante en la vida de una persona. Y es natural que así sea, y hasta productivo, y hasta funcionalsano, y hasta...y hasta... Basta.
A veces cansa.
1 feb 2007
20 dic 2006
16 nov 2006
É L
Me parece ilusorio pensarme sin él. Miro hacia delante, y me sobreviene una sensación de incertidumbre y de desorden, que me tira para atrás, me encoge; que no me permite pensar mi vida alejada de sus órdenes.
No paso un solo día sin detenerme a pensar en él, en cómo me define, en cómo marca mi humor y el tempo de mis jornadas, en cómo sentencia la velocidad con la que sentiré pasar los minutos. Y no paso una sola noche sin tocarlo, sin terminar sucumbiendo ante eso que, a ésta altura, siento como una necesidad, …una nociva necesidad. A regañadientes, lo quiera o no, cada mañana confirmo el hecho de que soy débil, dependiente y funestamente funcional, incapaz de armarme de coraje y decidirme a enfrentar cada día yo solita, quebrando finalmente esa enfermiza relación de amor-odio, engendrada nada más ni nada menos que por la erosiva rutina. Él es quien tiene el control, y yo no puedo más que acatar, porque incluso cuando me propongo desafiarlo, y meterme por unas horas en el papel de desentendida, él se encarga de hacerme sentir –de una forma u otra- su omnipresente regencia.
Creo que ya no me queda más que aceptar que van a ser contadas las noches en las que no lo toque, y escasas las mañanas en las que él, moviendo sus brazos, no sea en primero en recordarme cuán utópico es pretender dejarlo.
*
*
*
*
*
*
*
*
Odio a mi reloj despertador.